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Celiaquía

Celiaquía

¿Cómo funciona nuestro sistema intestinal?

Nuestra barrera intestinal presenta una capa de células (denominados enterocitos), estas se encuentran unidas por unos puentes proteicos. Podemos resumir el funcionamiento de esta mucosa en dos:

1 – Por un lado, funciona como una línea de defensa, impide que patógenos o ciertas sustancias que serían tóxicas para nuestro organismo entren.

2 – Por otro lado, si esa barrera se encuentra en un estado adecuado, las uniones que presentan los enterocitos tienen la capacidad de separarse para dejar pasar a los nutrientes que proceden de los alimentos que ingerimos.

En resumen, un funcionamiento adecuado sería: las sustancias tóxicas que entran con el alimento se quedan fuera de la barrera y el resto de nutrientes que sí podemos aprovechar entran en nuestro organismo.

 

Intestino celíaco - Clínica Luis Baños

 

Pero, ¿qué ocurre cuando está barrera se debilita?

En esta barrera hay células del sistema inmune (sistema de defensa del cuerpo). La respuesta normal, cuando se realiza la absorción de nutrientes en el intestino, es la generación de una pequeña inflamación, para protegernos de pequeñas sustancias que se han podido infiltrar con el alimento. Pero, cuando estos puentes se rompen, la barrera comienza a perder su función y la inflamación que genera se vuelve crónica.

 

¿Qué puede debilitar a la barrera intestinal?

Existen muchos factores que pueden afectar al deterioro de esta mucosa:

  • Malos hábitos alimentarios.
  • Estrés
  • Tabaco
  • Sedentarismo
  • Sueño alterado, etc.

 

Los pacientes con celiaquía tienen una alteración en este sistema intestinal. En estos pacientes hay una respuesta excesiva del sistema inmune frente a una proteína llamada gluten, presente en numerosos alimentos: pan, pasta, bollería… En general los alimentos que contienen cereales (trigo, centeno, etc.).

Los síntomas más frecuentes en estos pacientes son: diarreas o estreñimiento, hinchazón abdominal, cansancio, problemas menstruales, debilidad en el pelo, piel, etc. En general existe una mala absorción de nutrientes que puede conllevar a una malnutrición.

 

¿Qué diferencia hay entre celiaquía, sensibilidad al gluten no celíaca y alergia al trigo?

Debemos de diferenciar entre estas tres patologías:

  • La celiaquía como hemos mencionado anteriormente es una patología autoinmune ante el gluten, normalmente asociado a un componente genético.
  • La sensibilidad al gluten no celíaca es un desorden que no está bien definido. Se da cada vez con más frecuencia en nuestra población, cuyos síntomas son muy similares a la celiaquía. Se sabe que ciertos factores, descritos anteriormente, mantenidos en el tiempo, pueden favorecer a su aparición. En estos pacientes la retirada del gluten de la dieta mejorará los síntomas de forma considerable.
  • La alergia al trigo es una reacción del sistema inmune frente a un antígeno, en este caso al trigo, el cuerpo lo identifica como un “extraño” y genera anticuerpos que favorecen la liberación de histamina para atacarlo. Los síntomas en estos pacientes serían similares a los de cualquier alergia: nauseas, dolor abdominal, problemas respiratorios o anafilaxia, irritación de ojos y en general de todas las mucosas, etc.

 

En la actualidad, debido a la mala calidad de ciertos alimentos es más fácil que se desarrolle afectación en nuestro sistema intestinal favoreciendo la aparición de patologías. Es por ello fundamental cuidar la alimentación para mantener a nuestra microbiota intestinal (microorganismos beneficiosos que nos ayudan a realizar adecuadamente nuestras funciones digestivas) en el mejor estado posible, además de tener unos buenos hábitos conductuales: elegir alimentos de buena calidad, aportar variedad en los nutrientes que consumimos, mantener una buena hidratación, realizar ejercicio físico y cuidar el sueño, dormir adecuadamente nos asegura una buena regeneración de todos nuestros tejidos.

Por último es importante tener en cuenta, que aunque muchas patologías puedan tener un componente genético (herencia familiar) existe un fuerte componente epigenético, es decir, factores de riesgo, como los que hemos mencionado anteriormente, y ambientales pueden favorecer a la aparición de patología.

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