
¿Por qué tengo dolor en la parte interna de la rodilla?
El dolor en la cara interna de la rodilla puede aparecer al caminar, subir escaleras, agacharse, cambiar de dirección o levantarse después de estar sentado.
Puede tener diferentes causas y no todas necesitan el mismo tratamiento. Por eso, antes de comenzar con ejercicios genéricos o centrarse únicamente en aliviar el dolor, es fundamental realizar una valoración que permita entender qué está ocurriendo.
¿Qué puede provocar dolor en esta zona?
Entre las estructuras que pueden estar implicadas se encuentran:
- El ligamento colateral medial.
- El menisco interno.
- Los tendones de la pata de ganso.
- El cartílago y la articulación, como ocurre en algunos casos de artrosis.
También pueden influir la pérdida de fuerza, las limitaciones de movilidad o un control insuficiente de la pierna durante el apoyo.
Estas estructuras están muy próximas y pueden producir síntomas parecidos. Por eso, el punto donde duele orienta, pero no permite establecer por sí solo la causa.
¿Cómo suele aparecer?
El ligamento colateral medial puede lesionarse después de un golpe, una caída o un giro forzado. Puede provocar dolor localizado, inflamación o sensación de inestabilidad.
El menisco interno suele generar molestias al girar con el pie apoyado, agacharse o realizar flexiones profundas. En algunos casos aparecen chasquidos, enganches o dificultad para mover completamente la rodilla.
La zona de la pata de ganso suele doler unos centímetros por debajo de la articulación y puede irritarse con actividades repetidas como correr, caminar, pedalear o subir escaleras.
Estas señales son orientativas. Los síntomas pueden solaparse y una misma persona puede presentar varios factores relacionados con su dolor.
La valoración es el punto de partida
Una valoración completa no consiste únicamente en localizar dónde duele. También es necesario conocer cómo comenzó el problema, qué movimientos lo aumentan y cómo afecta a la actividad diaria, laboral o deportiva.
Durante la exploración se analiza:
- La movilidad de la rodilla.
- La fuerza del cuádriceps y del resto de la pierna.
- La estabilidad y el control durante el apoyo.
- La capacidad para caminar, agacharse o subir escaleras.
- La movilidad y fuerza de la cadera y el tobillo.
- La tolerancia de la rodilla a diferentes cargas.
Esta información permite identificar qué capacidades se han perdido y diseñar un tratamiento adaptado. Las pruebas de imagen pueden ser necesarias en algunos casos, pero siempre deben interpretarse junto con los síntomas y la exploración.
El ejercicio como parte fundamental del tratamiento
El objetivo del tratamiento no debe ser únicamente reducir el dolor. También es necesario que la rodilla recupere la capacidad para soportar las demandas de la vida diaria, el trabajo o el deporte.
El ejercicio terapéutico permite:
- Recuperar fuerza y movilidad.
- Mejorar la estabilidad y el control de la pierna.
- Aumentar la tolerancia al apoyo y al esfuerzo.
- Preparar movimientos como agacharse, correr, saltar o cambiar de dirección.
No se trata de realizar una lista de ejercicios iguales para todos. La carga, la dificultad y el tipo de ejercicio deben adaptarse a los resultados de la valoración y progresar según la respuesta de cada persona.
La rodilla necesita recibir carga para fortalecerse y adaptarse. El reposo prolongado o una protección excesiva pueden reducir todavía más su capacidad. Por eso, el tratamiento busca mantener una actividad adaptada y aumentar progresivamente las demandas.
¿Cuándo conviene consultar a un especialista?
Es recomendable realizar una valoración prioritaria cuando:
- La rodilla se queda bloqueada y no puede extenderse.
- No se puede apoyar el peso con normalidad.
- Aparece una inflamación importante después de un golpe o un giro.
- La rodilla falla repetidamente.
- Existe una deformidad, calor intenso o enrojecimiento.
- El dolor aumenta progresivamente o limita mucho la actividad.
Valoración y tratamiento en Clínica Luis Baños
En Clínica Luis Baños realizamos una valoración individual para conocer qué estructuras pueden estar implicadas y analizar el estado de la movilidad, la fuerza, la estabilidad y la capacidad funcional de la rodilla.
A partir de esta valoración diseñamos un tratamiento adaptado, en el que el ejercicio terapéutico y la progresión de las cargas tienen un papel fundamental.
El objetivo no es únicamente disminuir el dolor, sino conseguir que la persona recupere la capacidad para caminar, trabajar, entrenar o practicar deporte con seguridad y confianza.
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